(O por qué a veces es hora de parirse a uno mismo)
Me acuerdo cuando Jamie Oliver empezó a salir en los diarios y en la tele diciendo que la carne que usaba McDonald’s no era carne. La noticia empezó a hacer ruido y terminó en un juicio.
Cuando nos enteramos que “David” le había ganado a “Goliat”, pensamos: “Listo, McDonald’s quebró”.
Pero con los años, un día entré a un local porque no había otra cosa abierta. Me sorprendió verlo lleno de gente. ¿Qué había pasado? ¿No sabíamos ya que lo que estábamos comiendo no era carne?
Pese a todo, McDonald’s tenía más locales y más clientes que nunca.
La industria musical no es tan distinta
Con el tiempo vi lo mismo en la música. De vez en cuando, artistas salen a denunciar el ambiente: productores que estafan, managers que no pagan, contratos ilegales. Y sin embargo… la industria sigue igual. El show continúa.
¿Por qué?
Porque este sistema, este “útero”, lo sostenemos nosotros mismos. Funciona porque hay gente consumiendo, trabajando, participando sin cuestionarlo. Porque es cómodo. Y cambiar es incómodo.
Yo mismo pasé años tratando de convencer a mis colegas de que podíamos hacer las cosas de otra manera: armar nuestros propios contratos, decidir cómo repartir las ganancias. Pero cuando dependés de tocar para comer, moverte es más difícil. Y aunque muchos me daban la razón, todo quedaba en un «Sí, tal cual»… y nada cambiaba.
Los úteros no se cambian. Se abandonan.
Con los años entendí algo importante: no iba a cambiar ese útero. Porque el útero es un lugar de gestación: te forma, te enseña a funcionar de cierta manera. Y la industria musical (como muchas otras) ya había puesto sus reglas. Uno puede adaptarse… o salirse.
Entonces me di cuenta: tenía que parirme a mí mismo.
Salir de ese útero. Para crecer, para descubrir nuevas áreas, talentos, caminos que ni sabía que tenía.
No es un proceso fácil. Afuera estás solo al principio. Y es más fácil quedarse adentro, cómodo. Yo también estuve cómodo ahí, y no juzgo a quienes se quedan.
Pero si empezás a sentir incomodidad, dolor, vacío… tal vez sea hora de parirte.
Afuera la vida se ve en 4D
Una vez afuera, las perspectivas se expanden. Cuestionás tus comportamientos, tus creencias, tus valores. Y te das cuenta de cuántas limitaciones te habías impuesto.
En el útero, el valor principal es el dinero: si da plata, está bien. Pero ese camino suele traer estrés, enfermedad, vacío.
Afuera, los valores cambian: paz interna, conexión, autenticidad. Desde ahí querés construir. No cocinarías sin esos ingredientes.
Y vos… ¿en qué útero estás?
No todos los úteros son físicos. Hay úteros mentales, emocionales, laborales, relacionales. Y a veces el cuerpo te avisa que ya no entrás ahí.
Si sentís que algo te queda chico, que la incomodidad no te deja en paz… tal vez sea hora de parirte.
El proceso es duro, sí. Pero también es hermoso.
Afuera hay otros que también se animaron a salir. Y ahí es donde empiezan los encuentros que cambian la vida.

